Etnohistoria
La Jornada (México)
Los sacrificios humanos en el México prehispánico, señala la antropóloga Yolotl González Torres, es un tema que resulta denigrante para algunas personas, pues consideran que eso afecta nuestra identidad nacional y, por ello, niegan que tales prácticas hayan existido.
En la realidad, prosigue, se ha exagerado en cuanto al número de víctimas pero, sobre todo, se ha hecho de lado que se trataba de una práctica ritual que existió en muchas culturas y latitudes del mundo.
González Torres es autora del libro El sacrificio humano entre los mexicas, que se publicó por primera vez en 1985 (Fondo de Cultura Económica), y de nuevo será presentado el 6 de septiembre en el contexto de la Feria del Libro de Antropología e Historia.
En entrevista con La Jornada, la especialista explica que dicha práctica se dio no sólo entre los aztecas, antiguos pobladores de México-Tenochtitlán, sino que en Egipto, India, China, Roma, Japón, Creta, Grecia, Mesopotamia y diversos pueblos de Europa y Africa, donde se practicó, en épocas remotas.
''Los asirios, por ejemplo, mataron infinidad de personas que nunca fueron ofrecidas ritualmente a los dioses‘.
Foto de La Jornada
Tema complejo y delicado
Yolotl González Torres explica: ''Los habitantes de las islas Fidji fueron de los más notables caníbales, también efectuaban sacrificios y se caracterizaron por las torturas que infligían a sus víctimas; durante sus banquetes ofrecían partes del cuerpo a los dioses.‘
La muerte ritual es un tema complejo y delicado que ha sido abordado por diversos especialistas, así como en publicaciones que al respecto ponen el dedo en la llaga.
En 2003, prestigiados investigadores y arqueólogos mexicanos, así como la misma Yolotl González, refutaron el texto de Matthias Schulz, publicado en la revista española El País Semanal, en el cual el periodista denigró a la civilización mexica al definirla como ''demoniaca‘ y ''brutal‘ por practicar ritualmente el sacrificio humano.
Asimismo, investigadores de instituciones mexicanas y españolas han determinado mediante diversos estudios que el canibalismo era una actividad sistemática y ritual en el México prehispánico, la cual también se efectuó en casi toda Europa, en el periodo neolítico.
Replanteamiento por hallazgos
González Torres subraya: ''Hay quienes piensan que el sacrificio es denigrante para nuestra identidad nacional y por eso niegan que haya existido; además, ese mismo grupo argumenta que las fuentes de esa información provienen de versiones vertidas por los españoles, los cuales hicieron hasta lo imposible para desacreditar nuestra cultura, presentarla como horrible y acabar con ella''.
La académica y directora del Departamento de Etnología y Antropología del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), manifiesta que los descubrimientos actuales han provocado un replanteamiento de la investigación sobre los sacrificios practicados en civilizaciones de las que se pensaba ha-bían sido pacíficas, y de aquellas otras de las que se sugería eran muy crueles.
''Este fue el caso del Teotihuacán pacifista, donde se pensaba no hubo sacrificios humanos; esas hipótesis cambiaron tras los hallazgos que han confirmado que en esa civilización también fueron inmolados gran número de individuos, niños e inclusive animales.‘
También ejemplifica con el caso de India, país que aboga por la no violencia. ''Ahí se practicó el mayor número de sacrificios de los que normalmente se admite desde la época védica hasta la contemporánea.
''Actualmente -prosigue la investigadora del INAH- los historiadores y antropólogos coincidimos en opinar en que la cantidad de víctimas que se dice existieron durante los sacrificios en el México prehispánico fue una exageración surgida entre los mismos pueblos enemigos, los cuales durante su confrontación alardeaban sobre quién había matado más cautivos.‘
Si dos pueblos estaban en pugna, continúa la especialista, ambos aumentaban el número real de cautivos que serían sacrificados para ofrecerlos a una deidad. Así podían demostrar su superioridad, añade.
El fenómeno del sacrificio entre los mexicas, explica Yolotl González, se debe estudiar ''como parte de la sociedad en la que se produjo, aunado al análisis del contexto económico, sociopolítico y religioso‘.
Esas ceremonias y ritos ''pasaron de un origen religioso y de supervivencia alimentaria al ámbito político‘.
Los mexicas, describe la investigadora, ''no sacrificaban a los individuos con el afán de hacerlos sufrir; cada sacrificio tenía su fin, estaba dedicado a determinado dios, y la mayoría de los rituales se ofrecían a Huitzilopochtli, con sus víctimas que eran los cautivos de guerra‘.
La recopilación que hace la académica constituye un amplio análisis sobre este fenómeno religioso que después se volcó hacia propósitos políticos y de extensión territorial.
Elementos del ritual
En su libro, Yolotl González Torres analiza el rito sacrificial desde múltiples aspectos: cuándo y dónde se realizaba, a qué deidades eran ofrendadas las víctimas, sin olvidar el papel de quién lo ofrecía y del que consumaba tal ceremonia.
''También analizo el fenómeno del sacrificio humano en su aspecto religioso y sociopolítico, sin dejar de ubicarlo históricamente; además, se reordenaron y clasificaron los datos disponibles sobre ese ritual en Mesoamérica.‘
En la primera parte del libro, la especialista desentraña las aportaciones hechas por antropólogos, filósofos e historiadores de la religión; después presenta una breve reseña de investigadores que se han abocado al estudio específico del sacrificio humano en Mesoamérica, así como una serie de referencias histórico-geográficas de este ritual alrededor del mundo: el occidente, sur y oriente de Asia, además de lugares de Europa, Africa y América son bosquejados por la autora.
Y para situar al sacrificio humano entre los mexicas, González Torres presenta un análisis de su contexto económico, sociopolítico y religioso.
Ejemplifica con variadas ilustraciones y referencias aquellos rituales con todos sus elementos: el sacrificador (especialista religioso que lo lleva a cabo), el sacrificante (quien ofrece el sacrificio), el recipiente (las deidades a las cuales se dedica), la víctima, el lugar y el tiempo (que se divide en tres fases: entrada, inmolación y salida) y los ritos posteriores al sacrificio, donde resurgen los trofeos y la antropofagia.
Presentación en el Museo de Antropología
Huitzilopochtli, Tláloc, Xipe Totec, Huitznahua, Mixcóatl, Tezcatlipoca, Cihuacóatl, Toci, Yacatecuhtli, Xiuhtecuhtli, Quaxólotl-Chantico, Chicome-cóatl-Cintéotl y Totochtin eran los dioses mexicas que habitaban en el ámbito sobrenatural, personificaban y formalizaban la representación fantástica de la realidad de los hombres.
A estas y otras deidades del numeroso panteón azteca estaban dedicadas las fiestas y ceremonias en la antigua Tenochtitlán, con todo y sus víctimas elegidas, ya fuese para el sacrificio individual o colectivo.
La Jornada (México)
El mito de la serpiente emplumada es propio de toda el área mesoamericana y es un tanto ocioso plantear qué cultura influyó a cuál, o si Teotihuacán lo llevó o no a la zona maya, dijo la historiadora Mercedes de la Garza, quien recordó que incluso hay evidencias de esa iconografía en la cultura olmeca, que fue anterior a las dos primeras.
De la Garza respondió así a una pregunta en relación a los hallazgos de murales mayas en el sitio de San Bartolo, en la selva del Petén, en Guatemala, que fueron pintados un siglo antes de esta era y que muestran imágenes de ese mito.
El hallazgo fue realizado en 2001 por el arqueólogo guatemalteco William Saturno, de la Universidad de New Hampshire y quien el domingo 8 de julio dictará la conferencia inaugural del séptimo Congreso Internacional de Mayistas, a realizarse en Mérida con el tema central Orígenes, memoria y alteridad de los pueblos mayas.
Saturno hablará del avance de sus investigaciones sobre dichos murales, que por su antigüedad podrían llevar a replantear interpretaciones históricas sobre las relaciones e influencias de las culturas del altiplano con las de la zona maya, entre otros temas (La Jornada/17 de junio/ 2004).
El descubrimiento de Saturno es considerado uno de los más importantes en la historia de la arqueología del mundo maya y equiparable al de la tumba de Pakal, en Palenque, o al de los murales de Bonampak, ambos en Chiapas.
María del Carmen Valverde recordó que las culturas de Mesoamérica eran dinámicas, y que había muchas vías de comunicación y de contacto entre ellas.
Martha Ilia Nájera dijo que el concepto de ‘serpiente emplumada‘ es más adecuado que el de ‘Quetzalcóatl‘, porque éste es muy diferente en cada época y lugar. Para el siglo XV en el altiplano ya quería decir algo distinto a como se concibió en épocas anteriores, agregó. (...)
La oferta del congreso mayista, que es itinerante y se realiza cada tres años, es muy amplia e incluye la conferencia de clausura a cargo de la propia doctora De la Garza, El templo-dragón de la acrópolis de Ek Balam y su simbolismo iniciático.
Las nuevas investigaciones que compartirán los mayistas son de carácter arqueológico, antropológico, etnológico e histórico, entre otras especialidades. De hecho, en las mesas y conferencias participarán unos 400 ponentes, que representarán a 137 universidades e instituciones educativas, 13 estados del país y 19 países.
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